El "tonto impune": hacia un nuevo éthos educativo



Más o menos ocurre lo siguiente. Cuando el profe pedía la entrega de un ejercicio en clase siempre había alguno que decía aquello de: –“me lo he dejado en casa” o –“no me había enterado”. A ese alguno le pasaba siempre lo mismo. Era el tonto de clase y no se enteraba nunca de nada. Cualquier intento de meter algo en su mollera resultaba tarea harto infructuosa. Los demás podían ser vagos, sirvengüenzas, distraídos... pero estos vicios de alguna manera se contrarrestaban con alguna que otra virtud. Con el tonto, con todos los respetos, no había manera. Da igual si era tonto o si se lo hacía. Su actitud, involuntaria o no, constituía la antítesis de cualquier esperanza docente que tuviese como paradero un aula y como objetivo un comportamiento inteligente.

Pedí un ejercicio en un infausto curso de 2º de la ESO (los “bilingües”, los presuntamente distinguidos con la virtud del interculturalismo), y sólo me lo entregaron seis. Los demás ofrecieron excusas de tonto o me miraron como si el más tonto fuera yo. Y comentándolo con el profe de Educación Física de pronto vimos la luz. No se trata, como algunos piensan, de que hubiera hace años una decidida y consciente intención por parte del poder político neoliberal (socialdemócrata también se dice) de manipulación del sistema educativo en orden a una conversión de la clase media en obediente e ignorante clase acéfala, consumista y sumisa. Ni siquiera a la organización capitalista más abyecta le interesaría contar con un país entero repleto de imbéciles. Es peor que esto.

Se ha promovido que el alumno pueda adoptar, impunemente, la actitud más opuesta a la que debería haber adquirido para que su inclusión en el sistema de enseñanza fuese provechosa, esa misma actitud que es justamente la que hay que intentar hacerle comprender al alumno que no se le puede tolerar, porque de otro modo todos los esfuerzos serían vanos. O sea, no tolerar que se dedique a hacerse el tonto. Lejos de esto, el alumno encuentra todo tipo de facilidades para hurtarse a su antiguo deber, concedidas con el beneplácito de la ley y de las autoridades educativas. El alumno puede ser un irresponsable y un imbécil sin que nadie se lo tome en cuenta, es más, le han sido puestos a su disposición los más descarados métodos de protección de la imbecilidad ético-pedagógica: simplificación de contenidos, promoción automática, trato de parvulario, sentimentalismo psico-pedagógico, minusvaloración de los objetivos y de las calificaciones, impunidad ante la desobediencia o la falta de respeto, impunidad ante la ofensa, la injuria o el maltrato, desorden y continuos cambios caprichosos en el plan de estudios, descalificación de los profesores (la cochinada del “reciclaje” para adaptarse a los nuevos tiempos, o a su supuesta falta de preparación), indefensión del profesorado ante la agresión o ante la denuncia...

En fin, estamos ante adolescentes que tienen todas las bazas en su mano para poderse descojonar de risa del lugar en el que están y de las tareas que se les proponen. A esto lo llama el listo de un sociólogo orgánico “inserción en el sistema social”. Por supuesto, inserción en el único sistema social que entienden los sociólogos orgánicos: el sistema social de los sinvergüenzas, Juliánmuñozlandia.

Ni que decir tiene el mérito del alumno que logra escapar de esta farsa (alumno al que hay que cuidar como oro en paño, porque todo está contra él). O el horror de los pocos padres que quedan capaces de entender la necesidad de que sus hijos no entren por el aro y estudien (y que acaban llevando a sus retoños a las empresas educativas para encontrar más de lo mismo).

Por supuesto a los otros se lo han puesto a huevo. En el caso extremo, no hemos necesitado integrar a emigrantes sin costumbre de esfuerzo estudiantil ni a gitanos indolentes, porque de hecho es la escuela la que se ha adaptado a ellos. O dicho de otra manera: hemos organizado una enseñanza dirigida a no perturbar ni lo más mínimo las condiciones en las que se encuentran y que damos como buenas y tolerables. De esto no se atreve nadie a hablar, pero la situación es totalmente escandalosa. Los modos brutales en que se comportan con las profesoras y las alumnas los miembros de la supuesta raza calé (¿quién ha determinado esta adscripción para ofrecerles cierto tipo de ventajas discriminatorias?), su rechazo insultante a cualquier norma elemental, su descaro, su abuso macarra, no son más que la viva manifestación de la amplitud de una permisividad que santifica y obliga a aguantar comportamientos que atentan diariamente contra las más razonables normas, ya no de la enseñanza, sino de la más simple y deseable educación.

Por la otra parte, la de los emigrantes sin costumbre ni esperanzas de estudio, nos encontramos con que la situación, sin llegar a esos extremos de violencia (salvo en honrosos casos), casa muy bien con la idiosincrasia de aquellos que no han imaginado nunca la posibilidad de una formación suficiente y menos han soñado con el acceso a la enseñanza superior, habida cuenta de que a duras penas se les ha enseñado a anhelar algo más que una insuficiente alfabetización. La parálisis de la Formación profesional producida por aquéllos que venían a dignificarla ha eliminado una de las pocas expectativas que tenían estos muchachos para no caer en el sumidero de la tontería reinante.

Teniendo en cuenta que tampoco se aleja mucho el españolito común de estos modelos, porque parece que ha perdido también el interés por la formación intelectual y por la honradez, entonces tenemos completo el cuadro. Estamos entrenando a los escolarizados para que tengan la posibilidad de comportarse como unos canallas y unos irresponsables. Hemos sido capaces de adiestrar a una joven aunque suficientemente preparada generación de chorizos. Y puestas así las cosas lo mismo da ya que nuestro sistema docente sea una basura o el esplendor de Occidente, lo mismo da que en los informes internacionales aparezcamos como unos asnos o como unos ángeles. El objetivo, que es independiente de todo esto, se ha logrado con creces.

Y ya hemos llegado al fondo del asunto. Decíamos que no se trata de una argucia del capitalismo postmoderno. Al fin y al cabo, para explotar a alguien es necesario que el alguien en cuestión tenga algo que pueda ser explotado. Que no sea un tonto del haba. Se trata más bien, en este país, de la peculiar forma en que el poder de los partidos políticos (el único existente en España, porque nuestra Constitución falsamente democrática hace recaer todos los poderes en el Legislativo) ha logrado que convivamos con el delito como si fuese el acontecimiento más normal y cotidiano de nuestras vidas, nuestro medio ambiente. ¿Os acordáis de aquel desfile carcelario que nos ofreció el último Gobierno de González? El que presentaba los modelos anda por ahí dando clases de Política internacional.

Alcaldes, ministros, hermanos de ministros, altos funcionarios, empresarios, banqueros, abogados célebres, sin la mínima conciencia de la indignidad del delito, nos ofrecieron y nos siguen ofreciendo diarios espectáculos. Entran y salen de los juzgados y del talego directamente hacia el plató de televisión para contar su heroicidad con la pasta que se merecen en el bolsillo. Sin un asomo de pesadumbre. Una propagadora de cotilleos, que va de alta dama y que firmaba libros que no había escrito ella (una choriza de la letra impresa) promete gran programa con un político expresidiario al que el juez le tiene embargados hasta los calzoncillos. Esto sólo lo puede aguantar sin que se le caiga la cara de vergüenza aquél que ha sido educado para comprender, desde la cuna, que se puede vivir toda la vida siendo un tonto impune y un chorizo.

En este estado de cosas, la pantomima hipócrita de la Educación para la Ciudadanía clama al misterio. Puestas las condiciones a lo largo de arduos años de defenestración para que el joven entienda que se puede pasar la responsabilidad por el forro, se encomienda a un puñado de esbirros la tarea de comunicarles a los alumnos lo que ellos ya han aprendido sobradamente a despreciar.

Dice el Legislador:

“Mira, me he dedicado durante mucho tiempo a hacer todo lo posible para que en este lugar no tenga valor la más tímida actitud cívica y ahora me vas a predicar la virtud por las aulas. Para que te tiren cacahuetes, hijo de puta, y te des cuenta de lo mierda que eres. Porque tú, aunque no te lo creas, eres el más tonto de todos los que están aquí”.

Al fin y al cabo, la salida por peteneras del señor Font, Consejero de Educación de la Comunidad Valenciana, no hace sino llevar al límite, como en un happening, lo estúpido de la situación. ¡Podía haber buscado bilingües servo-croatas o azandes, mecachis! ¡Nos hubiésemos tronchado de risa!

Bienvenidos, a todos y a Vd. también Sr. Font, a este patio de Monipodio, donde no se ha dejado nunca de entonar esa que dice: “Soy el Rata primero. Y yo el segundo. Y yo el tercero. Siempre que nos persigue la autoridad, es cuando más tranquilos timamos más” (Continuará).


Comentarios

Leicca ha dicho que…
Añado, con tu permiso, algún dato: "Y qué culpa tengo yo"

Además de la de "qué culpa tengo yo de haber faltado ese día, profe", que es una respuesta que ya pasa por aceptable (y nunca lo ha sido, aunque se nos haya olvidado), se extiende peligrosamente también esta otra: "¿Y QUÉ CULPA TENGO YO, PROFE, SI ESE DÍA NO ESTABA ATENDIENDO?".

(Después de echarme unas risas me entra como miedo, tristeza, o ambos.)
Serenus Zeitbloom ha dicho que…
Negro panorama. Pero no es irreal lo que cuentas. Coincido contigo en la necesidad de una FP real y coherente que podría convertir en profesionales a chavales que el sistema actual condena a la inutilidad –en el mejor de los casos. Pero ya sabrás como responden los defensores del actual sistema cuando se habla de enseñanza profesional: segregación, ghettos, fomento del analfabetismo funcional, etc.
Piensa en la reforma que han hecho del bachiller, más o menos la promoción automática, parece que aún les parecía pequeño el desastre.
El problema no reside en los políticos, el problema es la legión de “expertos pedagógicos”, entre los más conocidos “el de la foto”, “el de la inserción”.... pero son legión.

Lo único que cabe es ir alzando la voz, y creando un estado de opinión. Por cierto que Ricardo Moreno ha publicado un nuevo libro “de la buena y la mala educación” creo que se llama...

Un saludo.
Aquiles ha dicho que…
¿Hay vuelta atrás? Demasiados tontos impunes han salido ya de institutos y universidades. Poco a poco la minoría, por mucho que se esfuerce, se está volviendo cada vez más insignificante. El silencio -nuestro silencio- total y absoluto es cuestión de unos pocos años.

Yo nunca me cansaré de decirlo: el problema no es educativo sino político, de régimen político. Los pedagogos, el "zeitgeist" y los análisis detallados de los muchos males que afectan a la enseñanza son molinos de viento y no los monstruosos gigantes que muchos nos esmeramos en ver. El silencio indocente de tantos años, el ninguneo actual de los profesores sólo es posible en un molde político y constitucional que niega la representación del ciudadano -los profesores somos ciudadanos- y el derecho de éste a deponer -no sólo a elegir- a sus gobernantes. Así de sencillo, así de difícil, así de trágico.

O se lucha para cambiar esto o aquí no se salvan ni los mismísimos dioses de la hecatombe.

Aquiles
Anónimo ha dicho que…
Cuando he abierto tu blog y he visto la foto me ha parecido un tio la mar de feo, que susto.

Esto ha sido publicado en ElPais, y se trata de la Ministra de Educación Política Social y Deporte (es extraña la mezcla, no? o a mi me lo parece)...interesante cuando dice que estamos en la mitad del pelotón y es justo donde queriamos estar. Pues vaya.

También curiosa su explicación del fracaso escolar.

Ahi va (solo la parte de educación)

"La ministra de Educación charla con los lectores de ELPAÍS.com sobre fracaso escolar, Educación para la Ciudadanía y las ayudas para personas dependientes.

Mercedes Cabrera
ENTREVISTA DIGITAL
Ministra de Educación, Política Social y Deporte.

Por supuesto, Cabrera también se ha referido al estado de la educación en nuestro país, acerca de la cual ha querido evitar el pesimismo. "Los resultados sitúan a España en el pelotón de los países de en medio, es decir, entre aquellos a los que siempre quisimos parecernos". Para ello, anunció que su intención es iniciar un debate con las Comunidades para tratar el problema del fracaso abandono escolar por parte de los jóvenes.

Alto fracaso escolar

La ministra no dudó en reconocer que "tenemos una tasa de fracaso más alta que la de otros países de nuestro entorno", que se explica, entre otras cosas, porque "hasta los años 90 no tuvimos educación obligatoria hasta los 16 años", mientras que la mayor parte de los países europeos "empezaron a modernizar su sistema educativo mucho antes". Sin embargo, opina que esta tendencia puede cambiar. "Desde la legislatura pasada, estamos poniendo remedio a esa situación".

Por último, se refirió a la asignatura de Educación para la Ciudadanía y a su polémica aplicación en la Comunidad Valenciana. "La ley permite impartir asignaturas en inglés, siempre y cuando se tengan los recursos y la preparación necesarias para garantizar su estudio", señaló, y aquí "es donde las decisiones de la Consellería valenciana están provocando una situación conflictiva que es, precisamente, lo contrario de lo que cualquier consejero de Educación debería hacer". Para Cabera, "es competencia suya poner remedio a la situación creada".
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Pues nada que lo ponga, a ver si es verdad. Con estas entrevistas y con estos contenidos mi zozobra ya no zozobrea. Que nivel.
Anónimo ha dicho que…
Yo estoy de acuerdo, si detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Detrás de un mindundi habrá una petarda.

Hay que apuntar a la cabeza, a la Ministra, ella es la responsable, y debería mostrar algo más de nivel.

Juan Carlos de Mello.
mcgarcia ha dicho que…
A mi se me ocurren varias axplicaciones alternativas:

La primera es una desafortunada mezcla de buena intención política e ignorancia e inexperiencia(también política), que ha llevado a formar un sistema educativo de humo con ideas maravillosas pero completamente irrealizable. Para sostener esta creación se impone un poco de cinismo ("estamos en el pelotón) y de política del miedo("el docente sin vocación, sin preparación,vago por naturaleza, anticuado") y de desidia y a mandar desde el escaño sin preocuparse por entrar en los centros educativos y observar la realidad. Así el ego educativo humanitario y progresista sufre menos.

la segunda es el lucrativo negociete: convertir la educación publica en un vertedero de miseria humana que no puede o no quiere permitirse pagar la privada, y obligar a los que nos preocupa la educación de nuestros hijos a tirar de talonario para tener una seguridad (muchas veces falsa) de que reciben educación de calidad. No importa un pijo al parecer que sean los profesores de la publica los que se dejan los cuernos por lo menos una vez más opositando, haciendo cursos de formación, etc. Mientras, la educación privada y la concertada(subvencionada con el dinero de todos) tira de dedocracia para elegir a profesores y de criterios de selección propios para admitir a los alumnos.
Carolinape ha dicho que…
No llegué a leer todo pero me encantó hasta dónde leí la claridad con la que te expresas ante estas cuestiones que como sabrás son casi "universales" (Occidente y ya gran parte de Oriente calculo)
Hoy por hoy, yo te escribo desde Buenos Aires Argentina. Fuí alumna aplicada en la primaria, Cualquier cosa en la secundaría, desastre, safé porque tengo tengo la capacidad de analizar lo q voy a estudiar. Que esto se dió más en la Universidad, ya que allí uno eligió, nadie te obliga. Y hay q hacer esfuerzos, porsupuesto, pero eso trae una sensación de cierta satisfacción con uno mismo, no sólo por el logro de haber pasado un examén muy bien, sino por lo interesante que fué poder internalizar los conceptos.

Saludos desde Buenos Aires!
Desde la caverna de Platón ha dicho que…
Bienvenida por estos pagos, Carolinape.

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