Transquijotadas





   Cuentan que aquel hidalgo no se autopercibía como hidalgo sino como caballero andante. Y no por leer cuentos y creérselos, que tal engaño es lo que propagan las malas lenguas para ensombrecer su decisión, sino debido a una crisis de identidad totalmente comprensible en un señor de su edad, que algo aquí tuvo que terciar la testosterona, y el metabolismo, y la pastilla del azúcar. Fuera lo que fuere, y a nosotros no nos corresponde criticar su ánimo, el hidalgo devenido paladín se aventuró a una esforzada transición, y para ello tomó armas, rocín, mudó sus ropas y salió de su aldea con la noble intención de desfacer entuertos, o sea, de lo que en lenguaje más llano se llama salvar al planeta y ayudar a la Humanidad desvalida y sufriente. Y para afianzar más su condición, y no andar a la ventura en soledad sin la ayuda que precisa un miembro ilustre de la armada caballería, pensó solicitar los cuidados de un escudero de la Seguridad Social, y dicen que un labriego que andaba el hombre en las listas del paro, de contratado intermitente, porque el sembrado se lo había echado a perder el cambio climático en forma de pedrisco y a la vaca se la habían comido los lobos, inducido por su señora y pertrechado de un asno del Ministerio, tuvo a bien hacerse cargo de las tareas de acompañamiento y velar por su enjuto pero fibroso señor.

   Sabemos que no todo el mundo aplaudió la transformación, que el personal de servicio de su casa se alarmó e incluso llegó a requerir la ayuda de un bachiller que tornase al caballero a lo que ellos suponían era la senda del bien, sin reparar en que no tenían ningún derecho a negar la percepción identitaria de su señor y que al bachiller le habían aprobado las suspensas por la cara en la junta de evaluación y sus capacidades dejaban mucho que desear. Con todo y esto, el héroe ya era reconocido como tal por doquier, por venteros y caballeros, por fulanas y por grandes damas, dejaba memoria alegre de sus hazañas en los corazones y, enfrentándose a todo tipo de peligros, veía pronunciar su nombre y crecer su fama en todos los telediarios.

   Sobre su final no hay más que especulaciones. Unos creen que cayó en una depresión que le llevó a la tumba. Otros todavía le sienten pasar.

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