Transquijotadas
Cuentan que aquel hidalgo no se autopercibía como hidalgo sino como caballero andante. Y no por leer cuentos y creérselos, que tal engaño es lo que propagan las malas lenguas para ensombrecer su decisión, sino debido a una crisis de identidad totalmente comprensible en un señor de su edad, que algo aquí tuvo que terciar la testosterona, y el metabolismo, y la pastilla del azúcar. Fuera lo que fuere, y a nosotros no nos corresponde criticar su ánimo, el hidalgo devenido paladín se aventuró a una esforzada transición, y para ello tomó armas, rocín, mudó sus ropas y salió de su aldea con la noble intención de desfacer entuertos, o sea, de lo que en lenguaje más llano se llama salvar al planeta y ayudar a la Humanidad desvalida y sufriente. Y para afianzar más su condición, y no andar a la ventura en soledad sin la ayuda que precisa un miembro ilustre de la armada caballería, pensó solicitar los cuidados de un escudero de la Seguridad Social, y dicen que un labriego que andaba ...




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