sábado, 26 de diciembre de 2009

¿Por qué suben a un niño a un quinto piso?


Una noche de verano, hace ya algunos años, charlaba con el concejal del PCE del Ayuntamiento de Roses sentados ambos en la terraza de la heladería que regenta su señora esposa. Pensando sobre los usos y costumbres a los que les había obligado la "normalización" de la cultura catalana única, grande y libre, se admiraba mi contertulio del intento de eliminación de las corridas de toros y la imposición de "els castellets", costumbre ésta que, aunque se quisiera "catalana" y por tanto obligatoria, a él no le resultaba ni propia ni aconsejable. "¡Critican las corridas por salvajes y quieren que subamos a un niño a un quinto piso! ¡Y encima es que nosotros no hemos hecho nunca esa parida en nuestra vida!" El mar bramaba un poco espoleado por un gregal que arreciaba. Si rolaba a tramuntana pondría fin a la estación.
Traigo un texto de Savater. Como últimamente me meto mucho con el profesor (dialécticamente se entiende), he creído conveniente en estos días de asueto rememorar un libro suyo de 1982, cuando devoraba sus escritos y soñaba con llegar a dominar el arte del ensayo tan bien como él. Se trata de "La tarea del héroe (Elementos para una ética trágica)". Y dice allí:
"Si no supiese que es inmortal y si no temiese no serlo, el hombre sería incapaz de jugar. El juego -es decir, el trato activo con lo no utilitario, con lo sagrado- es una forma de asumir la propia inmortalidad, contra el temor aniquilador a la muerte y todo lo sobre él edificado. En este sentido, es imprescindible a la vida precisamente porque no trata sólo de conservarla y reproducirla, sino ante todo -incluso arries- gándola- pretende intensificarla, diversificarla y ascenderla. Esto lo vio muy bien uno de los primeros tratadistas taurinos, el varilarguero José Daza, natural de Manzanilla (Huelva), a quien se debe la irrefutable aseveración de que el Paraíso terrenal estuvo situado en Andalucía y la no menos enérgica de que Adán inventó el toreo tratando de uncir al yugo al toro sublevado tras la caída original. Pues bien, José Daza define el toreo diciendo que "es un arte valeroso y robusto, engendrado y distribuido por el entendimiento, la más noble de las tres potencias del alma. Es un arte forzoso y necesario para la conservación de la vida humana". A primera vista, no parece evidente que el toreo sea ni forzoso ni necesario para la conservación de la vida, pero a la luz de lo hasta ahora dicho creo que el viejo picador tiene toda la razón que merecen sus hermosas palabras. El toreo es imprescindible a la vida no porque la conserva -bastaría con no ponerse nunca ante un toro para prescindir sin riesgo de toda tauromaquia- sino porque la confirma y aumenta; en él crece la fuerza, que no sabe de equilibrios y en cuanto se estabiliza, retrocede. Es un arte "valeroso y robusto", no una melancólica sangría en la que se martiriza a un animal y quizá se sacrifica a un hombre para propiciar la excitación morbosa de una multitud de sádicos".

domingo, 20 de diciembre de 2009

La dignidad de un profesor


El catedrático García Amado nos llama al combate en su Dura lex. El texto se titula "Bolonia y los corderos". Sostiene lo si- guiente:

"Cada vez que me doy una vuelta por ahí y me encuentro con muchos compañeros de profesión sale a relucir el tema de Bolonia y la nueva organización de las enseñanzas universitarias. Mi descon- cierto aumenta de día en día, pues es de lo más infrecuente encontrarse algún colega que se muestre de acuerdo con el modo en que se están haciendo las cosas, que entienda los propósitos y la filosofía de los nuevos métodos y que no eche pestes al referirse a la manera de ponerse en práctica el nuevo sistema.
Hay acuerdo general en que los nuevos planes de estudio son en cada lugar el resultado de una especie de rifa amañada o del enésimo pulso entre departamentos, grupos académicos y áreas que pugnan por el dominio, con desprecio total de la racionalidad de las carreras, y en que menuda convergencia es ésta, puesto que prima la divergencia y el sálvese quien pueda. Hace tiempo que algunos venimos diciendo que en la nueva enseñanza rige un fetichismo metodológico que, a la postre, no obedece a más razón que una nueva “guerra de las facultades”.
En efecto, el método pedagógico lo es todo y el objeto de la enseñanza, lo enseñado, ya a nadie le importa un pito. Además, late en el fondo la estúpida idea de que el profesor no es más que un dinamizador de grupos que a base de organizar unas pocas lecturas fáciles, unos debates más bien tontorrones y unos cuantos comentarios de los alumnos que ni siquiera puede leer con calma, logrará que los discentes alcancen y asimilen por sí mismos los conocimientos debidos. Es como si se creyera que cualquiera que frecuente un aula es capaz por sí y sin especial esfuerzo de captar en un periquete los más sofisticados conocimientos científicos y de ponerse al día en los recovecos y los más profundos debates de cualquier disciplina.
Por ejemplo, usted pone a sus estudiantes de Derecho a debatir sobre la ley del aborto o sobre la guerra de Iraq y ya con eso se les van a aparecer todos los conocimientos sobre las peculiaridades de las normas, el estado de la legislación o las estructuras de los sistemas jurídicos, cuestiones sobre las que la doctrina del mundo viene debatiendo desde hace cientos o incluso miles de años. Una descarada falsedad y un estúpido imposible. Sin muy doctas explicaciones por boca del que sabe porque lleva a sus espaldas muchos años de especialización en la correspondiente materia y sin un esfuerzo intenso del estudiante entregado al estudio más concienzudo, no es posible adquirir una mínima competencia teórica y práctica y no queda más que superficialidad, trivialidad y el convencimiento generalizado de que todo es discutible y no se necesita más que descaro y un poco de retórica para tornarse un gran especialista en cualquier cosa. Un timo para los estudiantes y para la sociedad.
En lo que personalmente me toca, me niego a aceptar que, después de haberme pasado más de media vida estudiando y tratando de entender ciertas claves bien complicadas del Derecho, ahora no he de tratar de transmitir esos conocimientos mediante mis explicaciones y haciendo que los estudiantes alcancen un grado suficiente de dominio de las cuestiones que importan. No acepto rebajar mi papel al de simple organizador de tertulias y al de corrector de trabajos escolares en los que el alumno exprese simples opiniones carentes de más fundamento que el que pueda estar al alcance de un elemental lector de periódicos. Me da igual que cuatro o cuatro mil cantamañanas pedabóbicos afirmen que la clase magistral es reaccionaria o que la evaluación seria es represiva y, desde luego, no pienso dedicar la mayor parte de mi tiempo como profesor e investigador a repasar foros virtuales o a chatear con alumnos sobre si es justo apresar un perro callejero, conducir borracho o comer alimentos transgénicos. Seguiré explicando qué es una norma jurídica y de qué tipos las hay y volveré una y mil veces a contarles con detalle la noción de sistema jurídico que manejan Kelsen, Hart, Dworkin y otros, entre otras mil cosas que han de saber si se van a dedicar al Derecho en serio y no a tontunas y mamporreos.
Tampoco estoy dispuesto a convertirme definitivamente en un burócrata de la enseñanza y un fanático de cuadrantes, cuadrículas y programas al detalle, y me voy a pasar por el arco del triunfo cuantas comisiones de coordinación y comités de control me vengan con el cuento de que dediqué a un tema más de los veintinueve minutos marcados en la programación o de que dejé sin tocar un subepígrafe del subepígrafe treinta y dos. No. Escarmiento en cabeza ajena al ver a esos compañeros de fatigas angustiados porque se han retrasado media hora con no sé qué lección o porque no les sale la raíz cuadrada que tienen que aplicar para hallar el resultado de una evaluación que combina dos docenas de factores y que, a la postre, sirve para que apruebe todo estudiante que se deje.
Yo voy a comunicar mis saberes, pocos o muchos, pues se supone que para eso se me han exigido en ciertas pruebas. No quita para que las explicaciones puedan ir acompañadas con buenos ejemplos, casos prácticos y lecturas seleccionadas, pero mi suprema responsabilidad como profesor, un auténtico imperativo moral y profesional, consiste en procurar que al final del curso mis estudiantes estén a mi altura, no en ponerme yo a la de ellos o a la de los menos capaces o más zánganos de ellos o de las lumbreras ministeriales, al grito de todo es relativo, todos somos iguales y esto es una reunión de amigos que pasan el rato contándose lo que buenamente se les ocurre. Y todo eso significa que primero hablo yo, cuento yo lo que hay, abierto, por supuesto, a las preguntas, las dudas y las críticas, y luego a esos estudiantes los evalúo yo por lo que saben, no por lo que hacen, por lo formales que son al enviarme puntuales los trabajitos de página y media o por la capacidad de liderazgo que demuestran al levantar la mano y soltar sus ocurrencias.
¿De dónde viene toda esta cadena de desmanes e insensateces que nos atenaza? Tengo una hipótesis al respecto que paso a formular. El poder sobre la enseñanza está en estos tiempos en manos de ciertas disciplinas que carecen de tradición teórica o la tienen muy elemental y de profesores, entre pícaros y lelos, que nada tienen que enseñar y que por eso creen que sólo importa el enseñar a enseñar. Además, sus currículos suelen ser tan abultados como vacíos, llenos de trabajillos y comunicaciones cuya simpleza espanta y cuyo rigor brilla por su ausencia, una mezcla ofensiva de vacuidad intelectual, lugares comunes y corrección política. Y esos sujetos son los que, desde su actual influencia política, pretenden que por ese aro de la inanidad y el esnobismo pasen también las ciencias serias y las disciplinas que sí se ocupan de asuntos relevantes. Tipos inflados que no saben hablar sin la muleta del escrito en la pantallita, incapaces de escribir con una mínima solvencia gramatical y con un léxico que no parezca de parvulario, se han convertido en adalides de la nueva docencia y en censores de las prácticas académicas, y organizan a su medida sistemas de calidad (¡de calidad, manda narices!) y criterios de evaluación científica e investigadora: sistemas idiotas, hechos por idiotas, a la medida de los idiotas y para perpetuar su dominación idiota.
Parece que sobre lo anterior existe entre gran parte de los profesionales universitarios un amplio acuerdo, acuerdo que hace más acuciante la siguiente pregunta: ¿por qué nos sometemos? ¿Por qué tanto profesor formado, capaz y con sobrada experiencia se pliega a esta nueva dictadura de la nadería y el esperpento? ¿Por qué tanta resignación, tanta obediencia, tanto miedo? Nos amenazan con que, si no nos entregamos en cuerpo y alma a toda esta demagogia barata y a todo ese cretinismo pedagógico, no pasarán los controles y las censuras nuestras universidades, nuestros centros, nuestros departamentos y no los superaremos nosotros mismos. Todos con los pantalones bajados y en pompa en el puticlub de los niñatos del metodito, el powerpoint y el seso flácido, por si acaso. ¿En tan poco nos tenemos y tan fácil se nos asusta? ¿Por cuánto nos vendemos o con qué agencita evaluadora nos entendemos con evidente placer, enmascarados y a la chita callando, en las largas noches del invierno académico? Por mí se pueden ir al carajo mi universidad, mi facultad y el lucero del alba, yo resistiré; humildemente, pero cagándome en los putos muertos de quien haga falta. Sí. A ver quién es el guapo que tiene lo que hay que tener para decirme que enseño mal, que sé poco o que fomento el fracaso escolar. Que vengan, que vayan pasando y que me cuenten.
Toca desobedecer, queridos amigos, toca plantarse, llamar a las cosas por su nombre y defender con garra la dignidad del oficio: la dignidad de los profesores y la dignidad de los estudiantes. Toca ejercer la libertad de cátedra, la libertad de expresión y hasta el derecho al honor y la propia imagen, si me apuran. Ardo en deseos de que la primera comisioncilla de pedabobos embozados y de colegas vendidos por cuatro perras me diga que soy un mal profesional y que no enseño lo que es debido y como es debido. Se van a enterar."

jueves, 3 de diciembre de 2009

¡Señores, hasta este extremo pueden llegar estos truhanes!




Copio directamente del blog de Enrique Dans:

"Hoy se ha producido uno de los más lamentables espectáculos de la historia de la democracia española: un gobierno que produce auténtica vergüenza, aprovechando la tramitación de un anteproyecto de ley denominada “de economía sostenible”, ha colado de rondón en ella una serie de medidas completamente injustificadas en las que consagra un auténtico golpe de estado digital: la posibilidad de cerrar páginas y expulsar a usuarios de Internet con la excusa de los derechos de autor. Un movimiento que pone los pelos de punta y los derechos de autor completamente por encima de los derechos fundamentales de los individuos, que permite cerrar cualquier página alegando una violación de los derechos de autor. El copyright como mordaza a la libertad de expresión. ¿No me gusta tu blog? ¿Tu página? ¿Tu empresa? Te denuncio por cualquier tipo de infracción en materia de derechos de autor.

Lo peor es la enorme tomadura de pelo y la ofensa a la democracia que esto supone: en el texto que el gobierno publicó después de la rueda de prensa del consejo de ministros con los puntos principales no se comentaba NADA sobre el tema de la propiedad Intelectual, ni en la página, ni en el pdf. Ha sido anoche, cuando el gobierno envió a las redacciones de los medios un pdf con todas las medidas, cuando algunos periodistas como Ramón Muñoz han visto y comentado las medidas: ese infausto “quinto punto” que autoriza a los “organos competentes” a cerrar una página web, establecido como “la salvaguarda de los derechos de propiedad intelectual” ha aparecido “misteriosamente”, completamente “de tapadillo”, dejando claro cuál es el nivel de respeto de este gobierno hacia sus ciudadanos.

No es el gobierno del pueblo, es el gobierno de la SGAE, de EGEDA y de La Coalición, que pueden llegar, meter su pluma en una ley que ya ha pasado por el Consejo de Ministros, y poner en ella lo que les venga en gana, aunque esté completamente en contra de los intereses y los deseos de la ciudadanía y sea simplemente un torpe intento – el enésimo – de proteger los negocios de unos pocos, de ir en contra del progreso alegando las mismas estupideces patéticas de siempre: que “en cinco años no habrá canciones ni música“… que no me hagan reír: en cinco años habrá más y mejor música, porque ya van más de cinco años que esto existe, y los únicos que están en crisis son los parásitos de la música. Desde que esto empezó, hay más y mejor música. Los artistas, mira tú por dónde, ganan más. Pero no nos engañemos: esto no tiene nada que ver con las descargas de música, ni con el P2P: esto es un intento por controlar la información, por poder silenciar las opiniones que no nos interese oír, por callar a las voces discordantes. No hace falta ni ir al juzgado: el ministerio de Cultura se ha puesto todas las competencias, como obligar a los prestadores de servicio a revelar las direcciones IP de sus usuarios: Olcese, Guisasola o Bautista, consagrados como “órgano competente”, por obra y gracia de un punto colado de rondón. Impresionante.

Este no es mi gobierno. Esto no es una democracia. Si este país tuviese lo que hay que tener, el sinvergüenza que ha permitido la aparición misteriosa de este “quinto punto”, que ha llevado a cabo este atropello a la democracia, tendría que estar dimitiendo mañana mismo. Esto es equiparable a un auténtico golpe de estado digital, es uno de los episodios más impresentables y alucinantes que hemos podido ver como nación supuestamente en democracia: las leyes no las tramitan los ministros ni el Parlamento, las tramitan los talibanes de los derechos de autor, y hacen con ellas lo que les da la gana sin encomendarse a dios ni al diablo. Se publican, y a correr: lo que opinen los ciudadanos, da exactamente igual.

Es el gobierno de Los Otros: están muertos, pero no lo saben."

¡Tiene bemoles! ¿Quién andará detrás de esto? ¿Sólo la SGAE y el resto de los Otros?

Rápidamente se ha difundido por la Red un manifiesto que copio de nuestro DESEDUCATIVOS (hoy es cosa de copia y pega, lo siento, no tengo tiempo para más):

"Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.